miércoles, 25 de septiembre de 2024

El inicio de una novela



Mi querida amiga Alice Caroll, me ha recordado esta entrada que ya tiene sus años y había quedado "retenida" en la red.

Gracias

Cuando comencé a escribir La Luna en el Sauce, una de las primeras cosas que me hizo zozobrar fue la distancia entre cada personaje.

Por ejemplo, la madre de Manuela se llamaba Carmen y había nacido en Fuentes de Andalucía. Su padre, platero de profesión, era natural de Sevilla, y Manuela, nuestra protagonista, nació en Lebrija, lugar desde donde debía comenzar la historia.

Teniendo en cuenta que nuestro segundo personaje era Ricardo, la cosa no pintaba bien, ya que se conocieron en un mercado en Monesterio (Badajoz).

Reconstruir una historia, una vida entera, partiendo de orígenes tan dispersos, se me antojaba una situación complicada.

Comencé visitando los lugares, dejando que me absorbieran; conjurando el pasado como si de un acto de brujería se tratara.

Recuerdo que con la aparición del acta de casamiento entre Ricardo y Manuela, todo cambió. Al fin, la realidad me hacía un guiño y me obligaba a tomar tierra.

A partir de ahí, todo comenzó a tomar forma, y poco a poco, todos los "fantasmas" fueron ocupando su lugar en la novela.

sábado, 21 de septiembre de 2024

Reclusión literaria, donde el pensamiento habita.


Llevo medio año recluido en una aldea.

No, no voy a decir el nombre. No insistáis. Hasta que la novela no se publique, nadie sabrá dónde he estado.

Mis pensamientos han sido mi única compañía en este aislamiento, todo con el propósito de dar vida a una nueva historia, de crear personajes y trazar una nueva tragedia.

Durante este tiempo, he trabajado sobre la soledad y la presión desmedida que unos pocos ejercen sobre muchos.

He explorado el componente psicótico que todos llevamos dentro, esa tendencia a sucumbir a los delirios de nuestros semejantes. Para ello, elegí una aldea desconocida, lejos de la mirada de todos, un lugar que nadie sabe que existe.

Aquí, he profundizado en la opresión psicológica llevada al límite, utilizando los traumas pasados de mis personajes como combustible para la historia. Mi obra confronta demonios internos, tejiendo misterio y suspense en cada página.

Si en algún momento mi comportamiento les ha parecido extraño, ahora conocen la causa, y les pido disculpas.

Aquí, el que no corre, vuela.

Una cerveza, por favor... que tengo la boca seca.

sábado, 7 de septiembre de 2024

Escultura



Recuerdo la escultura, aunque el nombre del autor o autora se me escapa en este momento. Creo que la foto fue tomada en el Museo de Orsay, en París.

La escultura es digna de inspirar un poema, aunque en sí misma ya es poesía. La dulzura con la que el escultor ha tratado los rasgos, la sensibilidad que transmite, es comparable a la de un cisne o una nube blanca.

Sin duda, esta obra crea un efecto enigmático, absorbente, casi magnético.

El gesto de cerrar los ojos, digno de un dibujo de Redon, y la sutileza que recuerda a Da Vinci o a los primeros poemas de Byron, se condensan en una única obra, desprovista de violencia o de cualquier tipo de arrogancia.

La escultura nos muestra una bondad indiscutible y una placidez que me evoca una pieza de teclado de Chopin, los versos de Juan Ramón, o el canto de un ave en la orilla del mar.

En palabras de Kavafis: "Contemplé tanto la belleza que mi vista le pertenece".

Me quedo, pues, con la obra que, sin ser mía, y tal como dice Kavafis, me pertenece.