miércoles, 18 de agosto de 2021

Friedl Dickens Brandey, tributo a la belleza.


Nacida un 30 de julio de 1898 en Viena y asesinada en el campo de concentración de Birkenau el 9 de octubre de 1944, a la edad de 46 años.

No es esta una página biográfica; para eso podéis encontrar su cronología en cualquier buscador. Este post es un homenaje a una gran educadora y precursora de la Arteterapia; un recordatorio de aquella mujer que entregó su alma a los niños al intentar, por todos los medios a su alcance, alejarlos del horror.

Comencemos en 1931 cuando, tras separarse de Franz Singer, decide trasladarse a Viena. Da comienzo así su vocación como educadora, dejando atrás una etapa volcada en el diseño y las artes aplicadas en el entorno de la Bauhaus.

En 1934 fue arrestada y acusada de desarrollar actividades vinculadas al partido comunista. Tras un breve encarcelamiento y posterior liberación, se trasladó a Praga, acuciada por el imparable ascenso del nazismo en la Europa Central.

En Praga se casó con su primo Pavel Brandeis, contable de profesión y con nacionalidad checa. Fue en esa etapa donde afianzó sus dotes como pintora mientras comenzaba a trabajar con los hijos de emigrados políticos procedentes de Alemania. Aplicando las enseñanzas y métodos pedagógicos que había aprendido de Johannes Itten, logró establecer un vínculo profundo con los pequeños: su sola presencia, envuelta en una profunda calidez materna, bastaba para crear un refugio de luz y serenidad en medio de la tempestad.



A finales del otoño de 1942, la pareja recibió la orden de deportación y, el 17 de diciembre de ese mismo año, fueron enviados al campo de concentración de Terezín (Theresienstadt), un pueblo fortificado al norte de Praga.

Durante su cautiverio, Friedl organizó clandestinamente clases de arte y talleres educativos para la población infantil recluida. Enseñó a dibujar a cientos de niños y niñas, diseñó decorados y vestuario para al menos dos obras de teatro infantiles y organizó exposiciones con las creaciones de sus alumnos, en las que evocaban la vida cotidiana de sus antiguos hogares y proyectaban sus sueños de libertad.



Su principal objetivo fue restaurar el maltrecho mundo interior de los pequeños, administrando una auténtica terapia a través de la expresión plástica para que lograsen canalizar sus emociones y dar sentido al entorno que los rodeaba. De este modo, todos sus recursos convergieron en una misma causa: su carisma, su inagotable energía, sus innovadores métodos pedagógicos, sus refinadas dotes artísticas y una profunda comprensión de la psicología infantil.

«Quienes sobrevivieron la definían como "el misterio de la belleza" o "el misterio de la libertad"».

Una de sus alumnas, Erna Furman, escribió tiempo después:

«La enseñanza de Friedl y el tiempo que pasé dibujando con ella son los recuerdos que guardo con más cariño en mi memoria de toda mi vida».

Y en una carta dirigida a Elena Makarova en 1989, otra de sus estudiantes recordaba:

«Friedl fue la única que me enseñó sin pedir nunca nada a cambio. Ella solo se daba a sí misma a los demás».

En septiembre de 1944, su marido fue trasladado a Auschwitz. Inseparable y fiel a su compromiso, Friedl solicitó unirse al transporte y fue deportada voluntariamente junto a varios de sus alumnos.

Sin embargo, antes de partir, confió a Raja Engländerová —encargada del pabellón de chicas L 410— dos maletas que custodiaban alrededor de 4.500 dibujos realizados en sus clases, logrando así salvar del olvido la voz gráfica de toda una generación de niños.

Friedl Dicker-Brandeis fue asesinada en el campo de concentración de Birkenau el 9 de octubre de 1944, a la edad de 46 años.

Su marido, Pavel, sobrevivió al Holocausto.


2 comentarios:

  1. Qué historias Ricardo. Los horrores de una guerra, la aniquilación del espíritu de las personas, qué pena. Es hermoso lo que pinta, pero sobre todo, hay hermosura en ella, en cómo actúaba, en como intentaba ayudar en un mundo de locura. Son personas extraordinarias, y por suerte, su legado sigue vivo y he aquí la prueba.
    Besos :D

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    1. Son historias tremendas, desgarradoras, pero en el fondo son extraordinarias.

      Besos, Ricardo.

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