domingo, 30 de julio de 2023

Jeanne Tripier y la llamada de Juana de Arco


Hace tiempo que no exploraba el mundo del «arte oscuro» o «art brut», términos que la sociedad utiliza para etiquetar a aquellos artistas a quienes tacha de «no cuerdos».

Una vez más, nos enfrentamos al tema del «más allá», que se ha convertido en una constante de la creciente lista de nombres que hemos abordado en este blog. 

Sin embargo, esta vez no se trata de Hermes Trimegisto, como vimos en la obra de Franz Xaver, ni de los fantasmas de Augustin Lesage que merodeaban por la mina, ni del espíritu que guiaba a Madge Gill; esta vez, hablaremos de nada más y nada menos que Juana de Arco.


Pero entremos en materia o, mejor dicho, adentrémonos en los años más salvajes de Montmartre, ya que es allí donde nos lleva esta historia. ¿Quién nos dice que la mismísima Jeanne no sirvió una botella de vino a nuestro admirado Gauguin, Picasso o a cualquiera de los artistas aparentemente «cuerdos» que la rodeaban?

Jeanne Tripier nació en 1869 en París, hija de Alphonse, un comerciante de vinos, y su esposa Pauline. Pasó su infancia con su abuela en el campo, en Saint Martin des Champs, junto a su hermana Alexandrine y su hermano Alphonse.

Más tarde, se estableció en Montmartre junto a su hijo adoptivo Gustav Baum, nacido en 1895, cuyo padre era estadounidense, a quien conoció en París y con quien vivió durante algún tiempo. Jeanne trabajaba como vendedora de vino en los grandes almacenes «Au Palais de la Nouveauté», ubicado en el Boulevard Barbès.

En 1927, a la edad de cincuenta y ocho años, se apasionó por el espiritismo y la adivinación, frecuentando lugares y grupos donde se practicaban estas actividades. Su obsesión llegó a tal punto que dejó de trabajar y perdió el sentido de la realidad.

El 4 de octubre de 1934, su hermano Alphonse, con quien no se hablaba desde hacía años, la ingresó en un hospital psiquiátrico en la región de París, primero en Sainte Anne y luego en Maison Blanche, con el diagnóstico de «Psicosis alucinatoria crónica y excitación psíquica».


Jeanne llevaba trece años escuchando voces en su cabeza. Sonidos que ella interpretó como provenientes del más allá, asegurando que hablaba con Juana de Arco, quien le dictaba el mensaje que debía difundir para regenerar una Francia, según ella, en franca decadencia moral.

Durante los años que estuvo ingresada, Jeanne trabajó obsesivamente en la creación de una extensa y multidisciplinaria obra que incluía textos realizados mediante escritura automática, bordados, tejidos y una obra pictórica que, a menudo, dialogaba con sus escritos. Sus creaciones mostraban una gran expresividad y desarrollaban, durante los diez años de su hospitalización, una visión del mundo muy personal mezclada con los recuerdos de su vida cotidiana.


Realizaba dibujos a tinta, a los que agregaba tinte para el cabello, esmalte de uñas o medicamentos. Acompañados de textos, estos dibujos se convertían en una especie de cartografía para la clarividencia. Con mayor frecuencia, aplicaba color al dedo y trabajaba rápidamente. Su bordado mostraba la misma energía y la misma inversión física en la violencia de sus formas, desarticuladas y anárquicas.


«La aguja se convierte para ella en un arma formidable; los mensajes que emanan de todas sus personalidades desfilan y se mezclan entre sí, creando el hilo discontinuo de una letanía de lo absurdo».

Jean Dubuffet

Al ofrecerse a los espíritus que guiaban la aguja; Jeanne Tripier negaba su propia identidad y dejaba ver formas desprovistas de cualquier representación acordada. 

Protegida por el anonimato, se liberaba de la conformidad y la banalidad, y, utilizando la herramienta de su dominio como arma simbólica, se convertía así en una gran artista.

Murió en Maison Blanche en Neuilly-sur-Marne el 27 de junio de 1944, a la edad de 75 años. La institución, que llevaba décadas dando cobijo a personas con enfermedades mentales, epilepsia e incluso alcoholismo, había sufrido un duro revés de recursos desde que estallase la Segunda Guerra Mundial.


La ausencia de calefacción, de productos de primera necesidad, medicinas, ropa y alimentos, provocaron un aumento de la mortandad inusitado entre las paredes de la institución. En plena crisis, las pertenencias de los pacientes solían ser donadas e incluso quemadas.

Por pura casualidad, un día Jean Dubuffet, a través de un anuncio, llamó a todos los psiquiatras a revisar las obras de sus pacientes, pues estas podían tener más valor del esperado. El pintor y escultor francés acababa de fundar el movimiento del «Art Brut» y buscaba obras de personas con enfermedades mentales. Así se descubrió la obra de Jeanne Tripier, pasando a ser desde entonces una artista fundamental en su colección...


El trabajo de Jeanne Tripier se expone principalmente en el museo Collection de l'Art Brut en Lausana, Suiza, aunque sus obras también forman parte constantemente de exposiciones colectivas e itinerantes.

«En aquellos años cuarenta, París estaba ocupada por los nazis y el arte pedía liberarse de la forma, del color y del trazo, ensalzando valores salvajes y buscando lo extraordinario: el paroxismo, lo mágico, el éxtasis total y la improvisación psíquica al margen de toda forma preconcebida».

Jean Dubuffet



sábado, 22 de julio de 2023

El Arte de la Tierra o Land Art

 


«El medio y el mensaje es la propia Madre Tierra»

Grace Glueck

Hace años que comencé a trabajar en el Land Art sin saberlo; desconocía su existencia como arte y proceso.

Motivado por el deseo de fusionarme con el medio natural, empecé a crear dejándome llevar por las sensaciones y los elementos que el entorno me ofrecía. Considero el resultado de mi obra como una mera proyección de mi mundo interior, trabajando con los elementos que la naturaleza nos ofrece en un momento dado.

La naturaleza siempre debe imperar como fondo-forma, como soporte y base del acompañamiento. De manera creativa, diría que es un solo marco de ejecución lo que transforma, relacionándonos de manera directa con el paisaje que envuelve la obra y con la necesidad de expresión del creador, es decir, de uno mismo.


 «Debo de tocar las cosas... nunca usas ninguna herramienta, cuerdas o pegamentos; prefiero explorar los límites de la naturaleza y las tensiones que existen en la Tierra».

Andy Goldsworthy


Anoté mis impresiones en un cuaderno de campo para poder comprobar, paso a paso, el proceso que llevaba a la conclusión. Me sorprendí días después cuando la obra quedó integrada definitivamente en el paisaje, por los resultados y la respuesta que obtuve de la misma. Para lograr esto, fue necesario agudizar al máximo la sensibilidad, compenetrarse y acoplarse con todo lo que me rodeaba: el olor, el tacto de la tierra, la corteza de los árboles, la textura de las hojas verdes e incluso el sabor del agua.

Es imposible llevar a cabo una propuesta del "Arte de la Tierra" sin una comunicación digna y noble con los elementos que lo integran. Es necesario entregarse hasta el último detalle, observar viendo, no mirando.

El Land Art es un arte antiguo que puede presenciarse en las paredes de algunas grutas pintadas. También se confirma este arte en menhires, pozas, círculos de piedra, troncos de árboles decorados, máscaras, pinturas de arena...


Sherpis
R. Reina Martel

El medio natural que las cobija las dota de una protección o aura sobrenatural, hasta consumirlas y reintegrarlas a la naturaleza de la que emergieron.

De ahí mi atracción por trabajar en lo que yo llamo "zona abierta", pues me ofrece la posibilidad única de comunicarme con ese misterio que siempre debe acompañar cualquier obra o propuesta artística que se digne de ser nombrada.

Con el Land Art, el hombre deja su impronta en la naturaleza, reestructurando de nuevo el paisaje bajo una nueva sensibilidad y capacitando la reinterpretación de la misma. Es una posibilidad de crecimiento gratuita, una posibilidad de iluminación, casi me atrevería a afirmar.

En muchas ocasiones, me ha ocurrido que, en las primeras horas del día, como si un milagro sucediese, la obra, el medio y el artista hemos conformado una unidad absoluta. Doy fe de ello.


Posibilidad
R. Reina Martel

Dentro de los artistas de Land Art más célebres nos encontramos con: Andy Goldsworthy, Agustín Ibarrola, Eduardo Sanguinetti, Michael Heizer, Robert Morris o Susumu Shingu.



«La escultura como forma, como estructura, como lugar»

Carl Andre

martes, 4 de julio de 2023

Se avecina un nuevo viaje a Glastonbury


Estoy programando una nueva visita a Glastonbury para dar un descanso al nuevo manuscrito y continuar con otro proyecto pendiente.

He descubierto que constantemente debo hacer referencias a lo fantástico en mi quehacer literario. Ya me costó con "La Luna en el Sauce", por lo que sería bueno combinar géneros. En el manuscrito actual hay una batalla abierta entre debatir desde lo real o hacerlo desde una ficción desmesurada.

En Glastonbury, mi imaginación se desata como un caballo salvaje. Existe algo en su entorno que hace que cualquier idea o proyecto derive en ese género que tanto me apasiona. La cuestión es por qué la imaginación se desata en unos determinados lugares y no en otros.

Me vienen a la mente muchos ejemplos, como las cartas de Bécquer desde Veruela, los campos de Soria y Machado (nunca olvidaremos su Laguna Negra), o J.R. Tolkien y la comarca de Worcestershire, solo por mencionar algunos. Son ejemplos de una posibilidad infinita.

También quiero mencionar la búsqueda del elemento inspirativo en escritoras como Pilar Adón, Sara Mesa o Elvira Lindo, que buscan lugares, casas apartadas, aldeas lejanas, un enlace que las sumerja en lo más íntimo e insondable y que sea capaz de provocar una historia y, en definitiva, una nueva fantasía.

viernes, 9 de junio de 2023

Presentación de Tiempo de Espera de José Sarria


«Los hombres no sucumbimos a las grandes penas y a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, niebla. La vida es una nebulosa».

Niebla
Miguel de Unamuno


Tiempo de espera.


Tiempo de espera, ese que nos permite mirar con cierta intimidad. Libro en el que se manifiesta la conciencia, el rostro más esencial y profundo del escritor, del ser humano que hay detrás de José y de todo cuanto en él llamamos literatura.

Obra que nos permite alcanzar ese rincón de nosotros mismos en el que siempre partimos con desventaja, aunque aún nos quede lugar para la redención y la esperanza.

Tiempo en que José, forzado por las circunstancias, decidió convertirlo en un momento para la retrospección personal y en un diálogo que le hiciera buscar un sentido a la vida. 

Pasado, presente, memoria — Pasado, vivencia y armonía. 

El arte de detenerse para, de esta manera, poder dialogar con la vida. Compromiso que nos reconcilia con los valores humanos en estos tiempos de mentira, en estos tiempos de deshumanización, soledad y violencia.

Y fruto de dicho dialogo nace Tiempo de espera.

Este pequeño poemario; cuya joya nos recuerda aquellos libros de las horas medievales y cuyo contenido era capaz de serenar el espíritu al final del día.

El libro se compone o divide en cuatro partes o apartados.


Tiempo de Espera

La Tarde

Incertidumbres

Final


Todo comienza con la madre, ese, y no otro, es el principio y final de José: su patria.

A mi madre, que me dio tanta luz en su tiempo de espera…

Y nada mejor para introducirnos que ese inicio desde donde parte el viaje, ese espejo que nos hace enfrentar con el Yo más inmediato; descrito de manera sublime por Borges.

«Un hombre se propone la tarea de dibujar un mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincia, de reinos, de montañas, de bahías de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara».



Tiempo de espera


Momento para la reflexión, para el aquí y el ahora de un antes de la partida; de dónde vengo y hacia dónde voy. 

Partimos de cierta fórmula que nunca falla.

Reconocimiento del pasado + recuerdos personales + aromas de infancia = esperanza por un mundo mejor.

Comienza el viaje y como no, José recurre al mito de Las Ítacas. El largo viaje de Ulises y de ese regreso a casa que, a lo largo de la historia, nos ha llevado a todos consigo. Emprendemos un viaje largo, muy largo; desde donde José aborda su imaginario y recuerdos.

Motivados por la profundidad de Constantino Cavafis, nos sumergimos en esa larga travesía y en ese encuentro con el misterio que conlleva el ser humano.

En palabras de José:

«Ítaca es pobre, pero puede ofrecértela riqueza del camino y una rama de olivo en la tarde; este es su tesoro».

La sigue Jacinto, donde ya José se enfrenta, según sus palabras a esa: Geografía de naufragios que duerme en la habitación del tiempo. El petirrojo, El color de la memoria.

Poema con el que comienza nombrando a nuestra querida Mariluz Escribano, haciendo un recorrido poético incomparable y en el que conjuga su pasión con el paso de todas aquellas culturas milenarias que un día cruzaron el Mediterráneo. Sus leyendas, el mito de ese oriente lejano y evocador, que siempre estuvo ahí, tan cercano, pero tan lejos a su vez.

Desde el Café Hafa en Tánger, gasta el mítico gigante Gerión y esa Andalucía de la que tan solo van quedando las viejas leyendas como certeza.

Le siguen:

El recuerdo, Eternidad. —Lugares que existen, adormecidos, como el susurro de los espejismos—. Palabras Fragmentos. —Ser, sin estar en el tiempo—. La Tarde—. Esa tarde, ese atardecer de siempre ese ocaso desde donde se oculta el día, para dar comienzo a la poesía.

«Siempre nos queda solo un día, el cual siempre comienza de nuevo: es dado a nosotros por el amanecer, y nos es arrebatado al atardecer».

Jean-Paul Sartre

«Incluso el día más largo termina en un atardecer»

Nos diría Marion Zimmer Bradley, en sus nieblas de Avalon.

Estaciones —Existen estaciones ajenas a los mapas donde todos sus trenes quedaron detenidos en el tiempo. —Republica de Venecia, Café Hafa, Huerta del cementerio de Macharaviaya, Apolo 11, Eternidad, El nombre puro de las cosas, Pájaros del sueño, Temblor —Hay pájaros que tiemblan al pronunciar tu nombre— Memoria, La Tarde —Este es mi hogar, entra y no te inquietes— Existencia La Oscuridad —Algunas preguntas sobre el sentido de la vida; a donde mirarán los muertos…— Tiempo, Ahora— Ahora que sostengo entre mis manos esta vieja espada…

***

¡Qué lástima que yo no tenga siquiera una espada!
Porque…
¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria, 
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada, 
ni el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?

Poema que nos transporta a lo más genuino y verdadero de León Felipe


Hace tiempo creí tener a Dios —Aquí José se detiene, reflexiona y hace alusión al miedo, a la soledad— Lo mejor de mí mismo— Pura reflexión para la mitad del recorrido. —

«Una taza más de café para el camino, una taza más de café, antes de marchar camino del valle de abajo». —Nos diría Bob Dylan

Infancia. —Inconmensurable regreso hacia el principio de todo, nos propone José como punto de inflexión: Cuando cae la tarde quiero llegar hasta el fondo de las aguas.

Yo soy el Oriente. —Mis raíces se encuentran en una ciudadela detenida en el tiempo, y desde entonces supe que la patria es beber, a breves sorbos, el café preparado por mi madre.


Incertidumbres

Preguntas que el autor va debatiendo, como principio y lugar en el tiempo.

Cuatro poemas cargados de interrogantes:

Elemento que confirma una cuestión vital en la metafísica de José Sarria; la identidad de conciencia de ser en los otros. Muerte, Dios, necesidad de comprender y comprenderse a través de la mirada del otro y junto con aquellos elementos que conforman esa cuestión vital que conlleva búsqueda de la identidad y esa indiscutible conciencia de ser el ello, en el otro.

Tiempo y olvido, La Muerte, La espera y el silencio, La palabra.

Concluye de la forma más hermosa posible: ¿Cuántos ríos fluyen de la palabra Éufrates?


Final

El final es tan simple y pequeño que la frondosidad de todo lo vivido podría contenerse en una diminuta gavilla de palabras…

***

José Sarria, Pepe, para los amigos, en palabras de nuestro querido y admirado Manuel Gahete;

En José se constituye en el ejemplo más notable que conozco de responsabilidad literaria y el crisol más acendrado de sinceridad poética.

Pues bien, con dicha credencial y con este salvoconducto de entrada, yo te digo:


Bienvenido seas a mi casa, a esta roca, tal como fue llamada en la antigüedad y mucho antes de que Écija se posicionara como baluarte indefinido entre Sevilla y Córdoba.

Desde este cruce de caminos universal llamado Carmona, desde este alto obligado en el camino, cuyo lugar en la historia se nos presenta como de parada obligada, antes de proseguir con la búsqueda del misterio y en este caso simbolizado en las Ítacas, cuya fantasía siempre ha alimentado a quien se preste a llamarse escritor.

Bienvenido de nuevo a formar parte de esa larga lista.

Lancemos la poesía al viento: Richard Ford, Theophile Gautier, Hans Christian Andersen, Washington Irving; el que llegó a llamar esta ciudad como «espectáculo para los sentidos».

Cervantes: Que se detuvo por estos lares durante febrero y marzo del año de 1590, quince años antes de publicarse la primera versión del Quijote (1605)

San Juan de la CruzQue también hiciera su parada y descanso en nuestra ciudad y antes de proseguir hacia Marchena, donde se refugió en un monesterio de la ya desaparecida Orden de San Juan, para dar lugar a la creación y acto poético más bello de nuestra historia, me refiero a su Cantico Espiritual.

Ibn Arabi, el sabio sufí:  Que cursara sus estudios en nuestra ciudad, tras la caída de Murcia en manos de los Almohades en 1172. Bajo la tutela de Fátima de Córdoba y Shams de Marchena.

Lubna de Córdoba

Lubna, la escribana eterna y que nos cuenta la leyenda se refugió en nuestra ciudad, bajo el amparo de Fatima, la poeta maestra de Ibn Arabí. Se dice que le buscó refugio en un viejo palacio de la ciudad de Qarmuna (Carmona), en casa del gramático Masluma que le ofreció protección frente al despiadado Almanzor.

Lubna, la que también se cuenta que miraba hacia Córdoba en cada atardecer, y en los que recibía aquellos mulos cargados de libros que se guardaban en Madīnat al-Zahrā, salvándolos de sucumbir devorados por las llamas en una trágica noche de verano.

Desde aquí, se despidió de Rhadia, su amante, también conocida como «La estrella feliz», Desde la muralla, la vio partir hacia el Oriente, y en donde su palabra continuó alumbrando el mundo.

Desde aquí, se despidió de Fátima, el único consuelo y su gran amor. Fatima que regresó, al final de sus días, a la casa de Ayja buscando el amparo de los felices recuerdos de la infancia.

Aquellos cielos azules y este sol de la infancia…

Nos diría Machado.



Concluimos afirmando que José, con su palabra, con su integridad, nos dice; No existe revolución desde a lo alto, ni desde lo bajo, ni desde el centro: existe tan solo la revolución interior.

Bienvenido a mi patria amigo José, pero no a es patria imperial que siempre fue sinónimo de fracaso a lo largo de nuestra historia; sino aquella, la patria de Redondo, en el café de la Unión, y en esa tertulia que significaba el vórtice de la vida de un hombre y cuyas Ítacas no iba más allá del rincón perdido de una taberna. 

Así fue como nos lo contara ese genio de la literatura llamado Miguel de Unamuno.

Por lo tanto, y ante el temor de extenderme en demasía; quien me conoce sabe que cuando algo me apasiona, bien podría pasarme toda la noche disertando.

Concluyo pues de la mejor manera que sé; reafirmando aquella frase que me llegó y ahora no sé exactamente de dónde…


No hay más patria que Sancho y don Quijote.
Ellos son el principio y el fin de la patria
y si no podemos ser Quijotes seamos al menos Sancho.


En Carmona a 8 de junio del 2023

martes, 6 de junio de 2023

Inés


Inés siempre fue una niña especial, muy delicada y sensitiva. Sus piernecitas de alambre y sus saltitos de gorrión nervioso la distinguían de un padre pensativo y tranquilo.

Inés es una luna creciente. En ella no habita la oscuridad.

Ella, es ella, y no se puede comparar con nadie que, al menos yo, conozca; bondadosa, espontánea y humilde; de esas mujeres que intentan no deberle nada a nadie e intentan superarse cada día.

Dada al compromiso social, exigente con su alimentación.

A Inés no le van los royos macabeos ni la fantasía e intenta mantener sus pies sobre la tierra.
Le gusta sufrir sola, le cuesta compartir cuanto sucede dentro de ella. Hermosa como las flores de abril; tanto por dentro como por fuera.

Inés es un planeta hermoso, su vida es luz y alegría.

Le encantan los niños, y cuida con esmero a las personas mayores, al igual lo haría una enfermera.

Inés es una flor delicada.

Yo intento dotarla de defensas, no vaya a ser que el mundo se la coma. Es la ley natural del padre, intentar protegerla a toda costa; dotarla de recursos ante el despiadado mundo que nos rodea.

miércoles, 24 de mayo de 2023

Felicitaciones


Buenos días.

En primer lugar, daros las gracias ante todo ese aluvión de felicitaciones que recibí en el día de ayer.

Han pasado muchos años desde que me registré en Facebook y, obviamente que, durante todo ese tiempo ha sucedido de todo; vivencias, cursos, exposiciones, viajes; en fin, que juntos, hemos participado en situaciones de todo tipo.

Gracias por vuestra compañía, tan solo advertiros que quienes estáis sois importantes para mí; razón por la que quienes cruzan esa frontera que da el mal gusto o las malas intenciones son bloqueaos al instante.

Estamos para aportar, para recibir calor, ayuda, amistad; independientemente del pensamiento o las creencias de cada cual.

Respetemos lo que cada cual piensa, desde la libertad siempre: «Detesto lo que dices, pero daría mi vida porque tuvieras el derecho a decirlo», nos dijo Voltaire.

Escribo, al igual que cocino, y en ambas maneras intento servirme del corazón como instrumento. Ese corazón que intenta transmitir siempre, al igual que es capaz de dejarse seducir por el prójimo.

No me asusta el amor ni el cariño, no soy reticente en dar ni en recibir; en eso consta el secreto de la felicidad, en la entrega.

Intento no tragarme cuanto me cuentan y me refiero, sobre todo, a informativos y a esas indecorosas noticias que me llegan, de manera automática, a través del Google o del móvil.
Estamos para ser nosotros mismos y no dejarnos seducir por una máquina.

El secreto de la felicidad está dentro de uno y no fuera.

Por lo tanto, me importas tú, más que la máquina.

Me gustan los árboles y los bosques, pero también el mar. Soy un hombre dado a lo solitario y a la reflexión, aunque también me guste una taberna en la que conversar, al igual que aquella patria a la que hiciera referencia Unamuno.

También soy muy crítico, quizás demasiado, y no creo en ninguna verdad absoluta. Pienso que tras cada persona se encuentra una religión, un modo de vivir y de sentir. Pienso que he de respetar eso; la cuestión de la intimidad del pensamiento, ese concepto que se hace tan difícil de cuestionar y rebatir.

Tal como advirtiera el mismísimo Cervantes cuando dijo aquello de: «Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces».

Me gustaría llegar, al menos intentar alcanzar aquella abrumadora sentencia de Herman Hesse; «ahora de tan solo oigo el correr de mi sangre…», o porque no; «aguardar a que se deshaga el nudo y la fruta madure». Tal como nos cantó Federico, porque Federico cantaba siempre.

Y, a día de hoy, puedo asegurar —es mi pensamiento— que nadie ha cantado con la sutileza que lo hizo Federico.

Y de esa manera, forma o estilo —llámese como se quiera—, poder compartir estas pequeñas cosas; detalles que, para muchos no cuentan… y que, para otros, tal como es mi caso, suponen la vida entera.

Juntitos, muy juntitos, y con quienes, por decisión propia, hacen camino a mi lado.

R. R. Martel

domingo, 30 de abril de 2023

Rafael Cadenas y su discurso en el premio Cervantes.


Este es un honor que me sobrepasa. Estar frente a ustedes, majestades, y junto a poetas y escritores que siempre he admirado, es mucho para quien lee estas palabras, pero debo añadir, con miras a sosegarme un poco, que estoy lleno de España.

Trataré de aclarar esta afirmación tan rotunda de quien suele evitar el énfasis al que somos tan propensos los hispanoamericanos.

El idioma sería el primer vínculo. Luego, en consonancia con él, su literatura, que he leído asiduamente. Los viajes con mi esposa, Milena, cuyo abuelo por cierto era de las Canarias, como ocurre a muchos venezolanos que descienden de españoles, merced a la migración que los trajo a la América Latina. Hoy la desventura es inversa, aunque no a causa de guerra alguna.

Descuidé las materias científicas, lo cual lamento, pues la física cuántica, por ejemplo, ha restaurado el insondable misterio del cosmos.

Entre los que vinieron había muchos profesores que se incorporaron a nuestra educación. Casi al llegar dieron clases en liceos y universidades del país, enriqueciendo así nuestra cultura. Yo tuve tres de ellos y sufrieron un poco conmigo, pues no fui buen estudiante. Sobre todo, descuidé las materias científicas, lo cual lamento, pues la física cuántica, por ejemplo, ha restaurado el insondable misterio del cosmos; es una revolución.

En suma, esa fue la mejor época de nuestra educación. En cuanto a la Universidad Central de Venezuela, UCV, también fue su período de mayor esplendor. Afortunadamente, pese a no estar bien desde hace años, sigue siendo plural. Una que sea para adoctrinamiento deja de ser universidad.

Aquí viene a punto la desalentadora opinión de Karl Jaspers. Él afirma que no existe ninguna concepción del mundo valedera, lo cual nos deja a la intemperie, pero a la vez nos fuerza a indagar. Él tenía dos temores: uno al totalitarismo, y otro a la bomba. En este tiempo aquél avanza, y ésta ha crecido. Resulta paradójico, por cierto, el que las naciones más civilizadas se encuentren entre las principales fabricantes de armas. Se trata de una industria muy próspera.

En el recuento que venía haciendo, debo incluir también a los amigos que este país me ha deparado. Pero no podría decir todo lo que he recibido de él, pues me alargaría y deseo tocar otros puntos.

Comienzo con los dos personajes, no sin preguntarme qué podría añadir a cuanto se ha escrito sobre Cervantes, cuya vida fue también una novela de aventuras.

La de don Quijote puede verse como un proceso de la normalidad a la locura, y de ésta otra vez a una especie de mansa normalidad. Esto después de pasar por pruebas que al cabo lo sanarían.

Con respecto a su escudero, que a mi ver ha sido subestimado por los quijotistas, representa lo real; probablemente nuestro tiempo lo realce, ya que asistimos a una revaloración de la vida corriente, y es que también en ella está el misterio. La realidad es más extraña que la ficción, decía Walt Whitman.

Es sabido que nacionalismos, ideologías y credos dividen a los seres humanos.

La impronta del Quijote estuvo en los creyentes de la utopía que arreglaría todo y terminó en un desengaño. Es sabido que nacionalismos, ideologías y credos dividen a los seres humanos. Pero en este tiempo el mundo, gracias al desarrollo de la comunicación, debería ser cosmopolita. Ya en cierto modo lo es, pero a ello se oponen los factores que he mencionado, sobre todo el nacionalismo, que según Einstein es el sarampión de la humanidad. Sin embargo, existe un ego nacional que no aceptaría semejante cambio.

Séneca era cosmopolita; Goethe también. Igualmente, Derrida, quien parafraseando a Marx publicó un pequeño libro con este título: “Cosmopolitas de todos los países, uníos”.

Ahora me referiré a nuestra lengua, que anda muy maltrecha, por lo que hemos de cuidarla como amadores suyos, pero no puedo señalar sus fallas en esta ocasión, porque son demasiadas, algunas procedentes de traducciones del inglés en la televisión y otros medios. Antes, a comienzos del siglo XX, los académicos se enfadaban con los galicismos; los que se deslizan hoy en nuestro vivir son los anglicismos.

Soy muy amigo de las citas porque refuerzan cuanto pienso, y casi siempre vienen de alguien con autoridad. A propósito de lo dicho, usaré una de George Orwell. Dice él: «El actual caos político guarda relación con la decadencia del lenguaje, y podríamos conseguir alguna mejora si empezáramos por lo verbal».

Ahora también debo señalar la limitación de la palabra. Ella no es el objeto que designa: decimos fuego sin quemarnos. Tampoco va al paso de la realidad. Ésta cambia constantemente, pero no la palabra.

Creo que puede haber llegado el momento de revisar las bases de toda la cultura, aunque no sé si al decir esto se trata de un contagio de los dos famosos personajes. Todo debería examinarse, verse, trocar la ilusión por lo real. La faena más ardua que se le puede plantear al ser humano.

Teresa, la santa, que no se consideraba como tal, antes bien hablaba sobre ella sin piedad, en sus libros nos dejó dicho que hemos de tomar alegremente lo sabroso como lo amargo, palabras que firmaría cualquier maestro zen, vedantista o taoísta. Es que hay afinidades y diferencias entre los místicos de las diversas religiones. Sólo ellos podrían modificarlas, pero es necesario diferenciar esa mística de lo que Wittgenstein llama lo místico, que designa el mundo no como es, sino que es.

Creo que cuando el pensamiento ve su límite aparece una apertura hacia lo indecible.

También resulta útil distinguir entre pertenecer a una religión y religiosidad. Hay una anécdota en tal sentido: alguien le preguntó a Schiller, el gran poeta alemán, por qué no era de ninguna iglesia, y éste contestó: por religión. Es decir, por religiosidad. Creo que cuando el pensamiento ve su límite aparece una apertura hacia lo indecible.

Yendo hacia la idea de revisión, pienso que ésta debe aplicarse a la democracia. Es urgente defenderla de todo lo que la acecha, y para ello se requiere recrearla. Esa tarea le incumbe a la educación, que la ha descuidado. Se necesita, en los países donde existe, una pedagogía que la robustezca. En los otros, que no la han conocido, es vano tratar de introducirla.

Los demócratas deben pedir a voces su renovación. Ha de interiorizarse, volverse transparente, dar primacía a lo social aboliendo la pobreza, apoyar la cultura. Esto no es ningún sueño, sino un trabajo de todos, hacedero sólo con plena libertad.

Finalmente, quiero enviar saludos a los profesores, empleados y estudiantes de la UCV y a los de las otras universidades del país. También a mis queridos amigos españoles, y particularmente al escritor nicaragüense Sergio Ramírez, a quien admiro, con mi deseo de que pueda volver a su país.

Cervantes fue un gran defensor de la libertad. Recordaré sus palabras muy conocidas, aunque deberían difundirse más. Colocarlas, por ejemplo, en los escudos de los países. Dice don Quijote: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a un hombre».

 

24 de abril de 2023

sábado, 29 de abril de 2023

Louise Bourgeois y las arañas


«He estado en el infierno y he vuelto.
Y déjame que te diga que fue maravilloso»

«La araña es una oda a mi madre. Ella era mi mejor amiga. Como una araña, mi madre también era tejedora. Mi familia tenía un negocio de restauración de tapices y mi mamá estaba a cargo del taller. Como las arañas, mi mamá era muy ingeniosa. Las arañas son presencias amigables que se alimentan de mosquitos. Todos sabemos que los mosquitos transmiten enfermedades y, por lo tanto, son indeseables. Así, que las arañas son útiles y protectoras, tal como era mi mamá».


«Mi madre era capaz de tejer afectos
y a la vez, quedarse atrapada en ellos».

Louise sufrió mucho de pequeña, pero eso no viene al caso y ya lo hemos relatado en otra entrada de este blog. Nos quedamos con su fórmula secreta para afrontar su imperiosa necesidad de creación y sanar, a la vez que fue capaz de crear una impronta que trasmitía en cada una de sus obras.


«Mi madre era capaz de tejer afectos
y a la vez, quedarse atrapada en ellos».

Louise y sus arañas; un modelo inseparable que va ligado con su «Mamá», como ella llamaba al proceso.

Ese hilo conductor que nos fusiona desde la madre con el proceso y actuación de uno mismo durante el presente y proyectándose hacia el futuro.

El desarrollo inconcebible y misterioso que conforma la unión de un dolor primigenio con la abrumadora complejidad de su obra. Ese paseo que une lo artístico con lo terapéutico, y en donde emerge y navega el dolor con cierta permisibilidad, a la vez que es capaz de transformar el inconsciente en una verdadera obra de arte.

lunes, 10 de abril de 2023

El Paraíso Perdido


Ayer, haciendo tiempo para entrar en el dentista, me di un paseo por la calle Feria y sus alrededores, en los que no faltaron la concebida visita a los lugares de culto; tales como la calle Divina Pastora, la Plaza de Abastos, la parroquia de Omnium Sanctorum, el bar Vizcaíno y demás lugares de mi infancia; por cierto, que todos ellos se mencionan en «La luna en el Sauce».

Luego ya —como visita obligada—, me dirigí a una librería de segunda mano a la que
frecuento desde niño y a la cual le tengo un considerable cariño.

Aunque he de advertiros que Spiderman, Superman, Los Cuatro Fantásticos y Thor habitan allí, es un secreto que mantengo desde mi niñez; eso sí, los dueños desconocen que todos los súper héroes del mundo leen en sus pasillos, pero, por favor, guardarme este secreto.

Sigo que me conozco y salgo por peteneras, la cuestión es que en el día de ayer me encontré con algunos ejemplares de la Biblioteca Pulga, una edición a la que le debo cuanto soy. Razón por la que escribo y quizás es la responsable de haber desarrollado esta vía de escape a través de la fantasía.

Mi padre disponía de muchos de sus ejemplares de esta colección, luego yo, y a lo largo del tiempo, la he ido ampliando con ejemplares sueltos, como el que muestro en la fotografía; adquirido en el día de ayer por 50 céntimos.

No suelo leerlos, ya que ello supone un verdadero desafío a mi vista, pero sí que suelo observarlos con esa minuciosidad e inocencia con que lo hacía desde pequeño.
Una vez en la estantería, imagino que los personajes de los demás ejemplares le dan la bienvenida; Miguel Strogoff, el Capitán Nemo, Sandokan, Edmundo Dantes o Ana Karenina, entre muchos.

¡Qué vergüenza pasó Eva, nada más apearse de sus páginas! Le duró poco, nada más percatarse don Juan Tenorio de su presencia…

De esa manera, cuando la locura apremia de lo lindo, invito al imaginario a compartir estancia con todos esos seres notables que nos ha dado la literatura y a los que, en momentos de bajuna o desesperación, reconozco que les solicito consejo.

Muy buenos días, aguardemos con desespero la aventura de hoy.

domingo, 12 de marzo de 2023

La mujer de Frankenstein

 


Ayer fue otro día de celebración, parece ser que ha cambiado la dirección del viento y llega ahora desde el norte; tal como nos diría Juliette Binoche en Chocolatt.

El caso es que, tras degustar dos copas de manzanilla, la situación se puso a tono y me pidieron que relatara una historia "monstruosa"; relacionada con la mujer.

De memoria, y llevado por los lejanos aromas sanluqueños, mi imaginación puso rumbo hacia el norte de Europa...

... Mary Godwin conoció al señor Percy B. Shelley sobre 1814, que por entonces estaba casado y era padre de dos hijos. Fue en una de las tertulias literarias que organizaba el padre de Mary en su casa.

Se supone que debió ser un flechazo en toda regla, ya que ambos huyeron dejándolo todo patas arriba, tal como se suele decir.

Se dice entre bambalinas que fue Mary quien se declaró a Percy.

La pareja huyó a Francia en compañía de Claire, hermanastra de Mary, a quien también le iba la marcha.

El caso es que dicho trio, tras pasar múltiples vicisitudes, terminó en Suiza, en casa de Lord Byron.

Sí, el vino hace mella, pero doy fe de que es verdad cuanto relato...

Acabaron en casa de Byron, en Villa Diodati, a orillas del lago Leman y con la intención de pasar un verano de lo más seductor.

Eso sucedió dos años más tarde, en 1816, y todo hubiese ido a la perfección sino hubiese sido por un puto volcán; el Tambora, en Indonesia, que explosionó un 10 de abril de 1815, con tan mala leche que liberó toneladas de polvo de azufre que se extendieron por todo el planeta y nos dejó sin verano y sin cosechas.

La situación en Villa Diodati no era la más halagüeña, así que Lord Byron se enrolló con Clarice, cosa que estaba más que cantada.

Cierta noche de lluvias y truenos, Byron propuso escribir, a cada uno de sus invitados, una historia de fantasmas.

De esa apuesta nacieron dos obras maestras de la literatura fantástica; El vampiro de John Polidori, que era el médico personal de Byron, y Frankenstein, publicándose, esta última, en 1918.

Se publicó con el nombre de Percy, al haber contraído matrimonio la pareja, y tras el suicidio de su primera esposa; que se ahogó en la laguna de un parque londinense.

El 8 de julio de 1822, poco antes de cumplir los 30 años, Shelley pereció ahogado, al igual que su primera esposa, tras una repentina tormenta y mientras navegaba en su velero por costas italianas.

Queda claro que la maldición le pilló de lleno.

Su cuerpo, por disposición de Byron, se incineró en una playa cerca de Viareggio.

Tras una larga lucha, y al fin en 1831, Mary consiguió publicar la obra completa con su nombre. Reconociéndose, al fin, como autora del manuscrito y tras llevar los apellidos de su esposo; Mary Shelley.

Consagrada totalmente a la literatura, además del cuidado de su único hijo, Mary se negó a contraer nuevo matrimonio alegando que, tras haberse casado con un genio, sólo podría casarse con otro.

El 1 de febrero de 1851, fallecía Mary tras padecer un tumor cerebral.

Al revisar sus pertenencias encontraron, envuelto en seda y junto con el poema Adonais de Percy, el corazón del que había sido su esposo.

Mary nunca perdió la esperanza de reconstruir el cuerpo de Percy, tal como había ideado en su novela...