Inés siempre fue una niña especial, muy delicada y sensitiva. Sus piernecitas de alambre y sus saltitos de gorrión nervioso la distinguían de un padre pensativo y tranquilo.
Inés es una luna creciente. En ella no habita la oscuridad.
Ella, es ella, y no se puede comparar con nadie que, al menos yo, conozca; bondadosa, espontánea y humilde; de esas mujeres que intentan no deberle nada a nadie e intentan superarse cada día.
Dada al compromiso social, exigente con su alimentación.
A Inés no le van los royos macabeos ni la fantasía e intenta mantener sus pies sobre la tierra.
Le gusta sufrir sola, le cuesta compartir cuanto sucede dentro de ella. Hermosa como las flores de abril; tanto por dentro como por fuera.
Inés es un planeta hermoso, su vida es luz y alegría.
Le encantan los niños, y cuida con esmero a las personas mayores, al igual lo haría una enfermera.
Inés es una flor delicada.
Yo intento dotarla de defensas, no vaya a ser que el mundo se la coma. Es la ley natural del padre, intentar protegerla a toda costa; dotarla de recursos ante el despiadado mundo que nos rodea.
Es preciosa. Y además es un encanto, doy fe de ello. Besos :D
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