miércoles, 17 de marzo de 2021

Mark Rothko, el hombre que pintó su música


«Los cuadros deben ser milagrosos»


Mark Rothko, nació en Letonia, en una ciudad llamada Daugavpils, allá por el 1903.

Desde su niñez sufrió una polaridad que le enfrentó entre lo religioso y un ateísmo extremo. Su padre Jacob, fue un intelectual con ideas revolucionarias contrarias a la corte zarista de Rusia. Por eso nos resulta incomprensible que a los cinco años fuese inscrito en el Jéder (escuela tradicional judía), al contrario que sus tres hermanos.

Allí, Mark, encontró el camino místico del Talmud.

Se cree que su niñez estuvo plagada de infortunios y pesadillas, sufriendo la amenaza constante de una represión violenta por parte de las autoridades rusas hacia los judíos, ya que se les acusaba de pregonar un levantamiento revolucionario.

En palabras del propio Rothko:

«Los Cosacos se llevaron a los judíos del pueblo hacia los bosques, y les hicieron cavar una fosa común... Imaginé esa tumba cuadrada tan claramente que no estaba seguro si realmente la masacre había ocurrido durante mi existencia. Siempre estuve atormentado por la imagen de esa tumba; que de alguna manera profunda estaba encerrada en mi obra pictórica».

Al hacerse realidad la amenaza por parte de los represores rusos no le quedó más remedio al padre de Mark que huir a Estados Unidos en 1909, con la ayuda financiera de su tío Samuel.

Cambió su apellido a Weinstein, y partió con el temor de que sus hijos fueran reclutados en el ejército zarista. ​ En esta época numerosos judíos abandonaron Daugavpils debido al inicio de las purgas cosacas y Jacob, padre de Mark, junto a sus dos de hermanos logró salir de Rusia, estableciéndose en Portland, Oregón, como fabricantes de ropa.


«Entonces un día resulto que presencié una clase de arte, 
con el motivo de encontrarme con un amigo que estaba asistiendo al curso. 
Todos los estudiantes estaban realizando un bosquejo de una modelo desnuda, 
y en ese momento decidí que esa era la vida para mí»

Sin embargo, Mark, hubo de permanecer con su madre Anna y su hermana Sonia en Rusia. Consiguiendo, al fin, viajar en 1913 a Estados Unidos para reunirse con su padre y con sus tíos; Albert y Moise, que habían viajado en 1912.

Finalmente llegaron a los Estados Unidos, el 17 de agosto y después de una travesía de doce días que inició en la ciudad de Liepāja.

El 27 de marzo de 1914, su padre, Jacob, falleció a causa de un cáncer de colon, dejando a su familia sin soporte económico. La familia se vio obligada a trabajar en el negocio familiar de los Weinstein, mientras que Rothko se dedicó a vender periódicos en la calle.

No cabe la menor duda de que algo de su alma quedó en los frondosos bosques de Gauja.


«La pintura no trata de una experiencia. 
Es una experiencia»

Sucedió que casualmente presenció una clase de arte en el Art Students League de Nueva York, los alumnos realizaban un bosquejo de una modelo desnuda, y en ese momento cambió para siempre la vida de Mark (de fomentar el cambio social y el derecho de los judíos pasó al cambio interior, a la búsqueda de un sentido más profundo de su alma). Contaba por entonces con veinte años de edad.

Estudió arte con el artista Max Weber, pero su carácter independentista y autodidacta le hizo escaparse con su círculo de amistades a Lake George y Gloucester, en Massachusetts. Donde llevaría largos periodos sumidos en la bohemia y la desesperanza de los años de la gran depresión. Pero Mark cargaba con el espíritu que habitan los bosques antiguos y junto a Mozart creaba una atmósfera sublime mientras pintaba, dejándose llevar por los sentidos. Desafiando el país y la miseria familiar que arrastraba tras la prematura muerte de su padre en 1914.

Su primera exposición fue en 1933, el 21 de noviembre en la galería Contemporaly Arts Gallery de Nueva York. Ese fue un principio, luego vino la búsqueda de la no forma, su cosmos particular de entender lo religioso.


«El arte es una aventura que nos lleva a un mundo desconocido... 
Nuestra tarea como artista es hacer que la gente vea el mundo 
tal como lo vemos nosotros».

El lirismo de Rothko carece de antecedentes pictóricos, su alejamiento de lo representativo hace plantearnos el sentido de la abstracción. La sencillez absoluta, lo quimérico, el interrogante sin un planteamiento físico.

Mark Rothko, estaba hecho de otra materia, unido a un pensamiento no conceptual, la mente clara y gloriosa que nos acerca con una simplicidad absoluta a lo místico y lo iluminado. Aquello que está más allá de lo razonable.

Se casó con Mary (Mell) Alice Beistle, ilustradora de dibujos infantiles. De dicho matrimonió nacieron sus hijos; Kate y Christopher.

Se suicidaría mucho años más tarde, el 25 de febrero de 1970, después de legarnos su testamento definitivo en la capilla de Houston, sus llamados; «Los Poemas de la Noche»


«La gente que llora ante mis cuadros 
 y vive la misma experiencia religiosa que yo sentí al pintarlos. 
Y si usted, tal como ha dicho, sólo se siente atraído por sus relaciones de color, 
entonces se le escapa lo decisivo»

La gran batalla contra un mercado corrupto hasta la saciedad, degradado y corrompido, que trataba la obra de Mark como mera mercancía.

Luego, llegó el desafío de su hija Kate contra la fundación que comercializaba con su obra, sacando provecho de los fines socioeducativos que imperaban en el testamento de Mark.


Annie Cohen y Mark Rothko

«Tengo un recuerdo muy vívido de la primera vez que vi las pinturas de Mark Rothko. Estoy sentada en una habitación, tenuemente iluminada, rodeada de pinturas de enorme tamaño y poder. Fue en 1967. Lo recuerdo con tanta claridad como si acabara de suceder. Recuerdo que era una sala del Museo Judío de Nueva York. Le he contado a la gente sobre esto en el contexto de escribir esta historia. Pero no puedo encontrar ninguna mención de una exposición en el Museo Judío o incluso nada en Nueva York en ese momento. Aun así, permanece en mi mente. El tamaño, las combinaciones / yuxtaposiciones de colores, la luminosidad de las superficies, la ambigüedad de la imagen / no imagen, lo inesperado de todo. Aprendí mucho sobre la pintura esa tarde, aunque sigue siendo un recuerdo desconcertante»

Pero... esa es otra larga historia. La otra parte de la historia que tanto detestamos.

Una cosa es obvia; Mark Rothko ya no estaba para estar aquí.

miércoles, 3 de febrero de 2021

El Momento Blanco


«Creativo no es el que imagina, 
sino el que hace imaginar»

Frida Khalo

Nuestra intuición se alimenta directamente del vasto archivo de la información que recibimos, siendo este un libro abierto para el inconsciente, pero hasta cierto punto cerrado para el consciente.

De hecho, ciertos estudios han comprobado que, en general, las primeras corazonadas de las personas forman la base de las mejores decisiones; al contrario de aquellas decisiones tomadas tras un análisis racional. Es por ello que la habilidad de ver cosas de una manera nueva es de vital importancia para el proceso creativo, radicando en las ganas de cuestionar cualquier supuesto.

Cuando la actividad está en su apogeo, se puede experimentar esto que los atletas y actores llaman; «El momento blanco».

Este «momento blanco» es lo que los psicólogos llaman; «El Fluir»


«Quien busque el infinito, que cierre los ojos»

Milan Kundera

En el estado de fluir, las personas se hallan en su punto más profundo. Puede darse en cualquier ámbito de actividad; mientras se pinta, se baila, en la ducha, se juega al ajedrez o incluso cuando se hace el amor; en cualquier momento. El único requisito es que tus habilidades se ajusten tan perfectamente a las exigencias del momento que desaparezca toda inhibición.

Al contrario de todo ello, la cuestión que nos impide alcanzar «El fluir» se denomina «Fijación funcional», suponiendo la trampa que nos mantiene percibiendo y advirtiendo la manera obvia de solucionar un problema. La misma repetición que nos mantiene procesando y pensamos siempre lo mismo, cuestión obvia que impide fluir o llegar al momento blanco.

Otra manera que impide absorber información nueva es la autocensura, esa crítica o voz interior que confina nuestro espíritu creativo dentro de los límites de lo que juzgamos aceptable.


«No hay necesidad de templos, 
no hay necesidad de filosofías complicadas. 
Mi cerebro y mi corazón son mis templos; 
mi filosofía es la bondad»

Dalai Lama

La frustración surge en el momento en que la mente analítica, racional, en busca de una solución, alcanza el límite de sus habilidades, dado que en el inconsciente no existen juicios de auto censura, allí las ideas son libres de recombinarse con otras de esquemas nuevos y asociaciones impredecibles, en una suerte de promiscua.

La espontaneidad aparece cuando la actitud deliberada cae, cuando somos capaces de dejar que la naturalidad y claridad tome el control de los movimientos. La gracia de un bailarín, la libertad de trazo de un pintor o la fluidez de un pianista son consecuencia de que una gran parte de sus movimientos, regulados por la naturalidad. Al cuerpo, tal como la mente; si se le deja hacer, es grácil.

domingo, 24 de enero de 2021

Cuando Hitler mandó quemar a «Bambi»

—¡Mira, mira, mamá! ¡Una flor volando! 

—No es una flor —explicó la madre

es una mariposa.


    Aunque esta os parezca una historia insólita y extraña, sucedió así, tal como os la voy a contar…

En 1923, el poeta Félix Salten, después de visitar los Alpes suizos, quedó fascinado por la vida salvaje y los animales que habitaban aquellos paisajes. Aquella experiencia despertó en él el deseo de escribir una novela. La primera edición fue muy limitada y narraba la historia de un joven ciervo que debía aprender a sobrevivir en el bosque desde su nacimiento.

Félix Salten nació en 1869 en Budapest (Hungría). Debido a la legislación austriaca que otorgaba la ciudadanía a los judíos, su familia se trasladó a Viena cuando él era todavía un niño. Su verdadero nombre era Siegmund Salzmann, aunque pasaría a la historia bajo el seudónimo de Félix Salten.

El joven Salten tuvo que abandonar los estudios y comenzar a trabajar a una edad temprana, aprendiendo pronto a sobrevivir debido a las dificultades económicas de su familia.

Su pasión por la escritura lo llevó a publicar pequeños artículos, reseñar libros en revistas y colaborar en diferentes publicaciones. Formó parte del movimiento de la Joven Viena, una sociedad de escritores que se reunía habitualmente en los cafés de la ciudad, especialmente en el famoso café Griensteidl, uno de los grandes centros culturales de la época.

Salten publicó su primer libro en 1900. Por entonces ya trabajaba como crítico artístico y teatral para la prensa vienesa. Sus columnas, guiones, libretos teatrales y trabajos cinematográficos lo convirtieron en una figura reconocida dentro del panorama cultural europeo.

En 1927 fue elegido presidente de la Sociedad de Escritores de Viena, una organización comprometida con fomentar la colaboración y la buena relación entre autores. Ese mismo año apareció publicada la novela Bambi, que pronto fue traducida a numerosos idiomas y alcanzó una enorme difusión internacional.

En 1933, Disney adquirió los derechos de la obra de Salten, aunque no sería hasta 1942 cuando la película llegaría finalmente al público. Para entonces, la situación en Austria había cambiado radicalmente. El avance del nazismo convirtió la vida de Salten en una amenaza constante, especialmente por su condición de judío y por la fama internacional que había alcanzado.

Detrás de aquel pequeño ciervo que generaciones enteras aprendieron a querer, se escondía la historia de un hombre que también tuvo que enfrentarse a un mundo cada vez más hostil.



    El partido nazi prohibió el libro y organizó su quema en diferentes estados. Para el régimen, la novela Bambi podía interpretarse como una alegoría política sobre la persecución y el trato sufrido por los judíos en Europa, además de representar una visión del ser humano marcada por la vulnerabilidad y las emociones. Por ello, Salten pasó a ser perseguido por la publicación de aquella «peligrosa obra».

Aparentemente, Walt Disney desconocía en gran medida las posibles lecturas simbólicas de la historia. La adaptación cinematográfica transformó profundamente la obra original, modificando la naturaleza y el tratamiento de los personajes, ya que la industria norteamericana estaba más interesada en convertir la fábula en un relato dirigido principalmente al público infantil.

A pesar de esta transformación, la película conserva la sensibilidad, la melancolía y la fuerza emocional que caracterizan a los personajes creados por Salten. La profundidad de la novela es tal que, en algunos círculos estadounidenses, incluso se llegó a relacionar con el ataque a Pearl Harbor y con la pérdida de la inocencia de una nación que hasta entonces se había sentido protegida.

Aunque debemos reconocer que la película dista mucho de la novela original, debido al marcado carácter filosófico del libro, la obra de Salten puede entenderse como un auténtico manual de supervivencia para tiempos difíciles. El bosque, como escenario natural, representa un mundo salvaje donde conviven especies diferentes, todas ellas obligadas a luchar por su existencia y a establecer vínculos de ayuda, respeto y amistad.

Los ciervos representan a aquellos que deben enfrentarse a un enemigo superior, una fuerza externa que amenaza su propia existencia. La novela evoca la experiencia de la exclusión, el miedo y la discriminación. Son los propios ciervos quienes transmiten a sus hijos relatos de sufrimiento y horror, intentando preservar la memoria de lo vivido.

Pocos creen que la convivencia con el ser humano sea realmente posible, y aquellos que confían en esa armonía terminan pagando un precio demasiado alto.

La figura del ciervo ha estado presente en numerosas metáforas artísticas a lo largo de la historia. En la tradición medieval, la caza del ciervo aparece cargada de simbolismo, y en diferentes textos y representaciones se ha relacionado con conceptos como la persecución, la fragilidad y la supervivencia. Incluso dentro de la tradición bíblica aparecen referencias al ciervo como símbolo asociado a distintas cualidades espirituales.




    Salten huyó a Zúrich (Suiza), donde falleció en 1945. Antes de morir tuvo la oportunidad de contemplar la película de Disney, una adaptación que, para su sorpresa, le agradó enormemente.

Con el final de la guerra, los libros de Salten que habían sido condenados a las llamas comenzaron a renacer de entre las cenizas. Bambi había ganado su propia batalla, convirtiéndose en una obra capaz de mostrar a generaciones enteras que, incluso en las circunstancias más adversas, siempre existe la posibilidad de superar el dolor con la ayuda de la naturaleza, la amistad y una voluntad firme de seguir adelante.

Bambi nos recuerda que, después del largo invierno, siempre acaba llegando la primavera.



—¿Mataremos nosotros también un ratón alguna vez? 

—No —replicó la madre. 

—¿Nunca? —preguntó él. 

—Nunca. 

—¿Por qué no? —preguntó Bambi, aliviado. 

—Porque nosotros no matamos nunca —dijo sencillamente la madre 

miércoles, 20 de enero de 2021

La escandalosa cronología del cuadro "El Origen del Mundo" de Courbet


 El Origen del Mundo (1886) 

«Tengo cincuenta años y he vivido siempre en la libertad, así que déjeme terminar mi vida libre y una vez esté muerto, rueguen dejen esto dicho de mí...»

Gustave Courbet


En la planta baja del Musée d’Orsay de París se custodia una de las joyas más incisivas de la pintura moderna. Ni que decir tiene que, tras sortear impresionistas a doquier, uno no deja de sobrecogerse ante la naturalidad casi insolente del lienzo.

Me sucedió junto a mi hija; al descubrirlo, ella, entre el rubor y la sorpresa, lanzó un exclamativo reproche y desvió instintivamente la mirada hacia la zona izquierda de la sala, mucho más amable y sosegada, donde se despliegan los idílicos paisajes del Doubs, la tierra natal de Courbet.

Maravillosamente seductora y cargada de incógnitas, la obra me asaltó con una pregunta inevitable: ¿quién sería la modelo? Me dejé llevar, quizá, por una curiosidad algo morbosa.

Si no me creen, basta con asomarse a la trayectoria del cuadro: un recorrido plagado de escándalos.

Se llamaba Joanna Hiffernan, la amante pelirroja de Courbet; ella es la modelo que ha perpetuado su sexo a la posteridad. Esta es la parte de la historia que ha trascendido, pero, sin duda, existe otra que permanece sumida en el anonimato. Vayamos, pues, a conocerla.



Joanna Hiffernan 


    La historia comienza con Jalil-Bey, embajador turco en París y reconocido coleccionista de arte erótico, quien en 1866 visita el taller del artista. Desea comprar la escandalosa tela titulada Vénus et Psyché, pero esta ya tiene dueño. Esa misma tarde, sin embargo, se cuenta que Jalil-Bey abandonó el estudio de Courbet con El origen del mundo enrollado y oculto bajo el brazo. Su destino: el mismísimo cuarto de baño del embajador, donde permanecería oculto tras un pesado cortinaje verde.

En 1888, la pintura pasó a manos de un marchante llamado De la Narde, quien la exhibía a hurtadillas, solo ante clientes de extrema confianza.

Llegado 1896, su nuevo dueño es Jean-Baptiste Faure, barítono de la Ópera de París. En esta etapa, el lienzo se ocultaba tras otra obra: un paisaje nevado, también de Courbet. Se dice que la esposa del cantante, poco entusiasta ante la afición de su marido de mostrar el cuadro a sus visitas, habría puesto el grito en el cielo de haber conocido su existencia.

Entre 1896 y 1912, la obra transita por destinos insólitos: desde un gobernador civil —tan puritano como pervertido— hasta un ginecólogo que lo utilizaba como reclamo publicitario, terminando, finalmente, expuesta en un burdel de Montmartre.

En 1912, la pieza es adquirida por la prestigiosa galería de Mademoiselle Vial en París. Poco después, la obra sale de Francia, comprada por el coleccionista húngaro François de Hatvany.

Durante la ocupación nazi en Hungría, en marzo de 1944, el cuadro es expoliado. Se debatió su destrucción, pero fue salvado gracias a la intervención del coronel Schweinkopf, quien apeló a la «raza aria» del pintor y al valor material de la pieza, que por entonces ascendía a unos 300.000 dólares. 

Tras la toma de Hungría por el Ejército Rojo en 1945, fue el coronel Tastrov quien se encargó de salvaguardar el cuadro, esta vez aludiendo al carácter revolucionario y anarquista del «camarada» Courbet.

En 1955, Sylvia Bataille (actriz que, curiosamente, protagonizó La regla del juego de Renoir) solicita a su marido, el psicoanalista Jacques Lacan, que adquiera la obra por 1.500.000 francos. El cuadro pasó a presidir las tertulias sobre erotismo y psicoanálisis que regularmente se celebraban en su casa, oculto tras una nueva obra encargada expresamente a su cuñado, André Masson.

No fue hasta 1967 cuando el sexólogo Zwang publicó la primera fotografía de la obra, y hubo que esperar a 1977 para que se reprodujera, por primera vez, en un libro de arte. En 1988, se exhibió al público por primera vez en el Brooklyn Museum of Art de Nueva York.

El 26 de junio de 1995, el ministro de Cultura, Philippe Douste-Blazy, anunció el ingreso de la tela en las colecciones nacionales, aunque —fiel a la historia de tabúes del cuadro— declinó fotografiarse junto a él. Desde entonces, descansa en el Musée d'Orsay de París.

Su última batalla contra la censura llegaría el 11 de marzo de 2019, cuando Facebook, la red social más popular del mundo, etiquetó la imagen como «contenido inadecuado».


Gustave Courbet (1819-1877) 

Le Désespéré 

«El nunca perteneció a escuela alguna, a ninguna iglesia, 
a ninguna institución ni academia. 

A los ojos de todos no procesó ningún sistema ni gobierno, 
excepto el régimen de la libertad »

miércoles, 13 de enero de 2021

El Reencuentro entre Marina Abramovic y Ulay


En los años setenta, la artista serbia Marina Abramović mantuvo una intensa relación amorosa con el alemán Ulay. Durante años recorrieron el mundo juntos, realizando toda clase de performances y convirtiéndose en una de las parejas más emblemáticas del arte contemporáneo.

En 1988, cuando la relación entre ambos ya se encontraba agotada, llevaron a cabo su última acción artística, titulada Los amantes. Cada uno caminó unos 2.500 kilómetros desde extremos opuestos de la Gran Muralla China hasta encontrarse en el centro de la muralla. Allí se abrazaron y se despidieron para no volver a verse nunca más.

Veintitrés años después, cuando Marina Abramović ya era una artista consagrada, el Museum of Modern Art le dedicó una gran retrospectiva titulada The Artist Is Present. La obra consistía en permanecer sentada, en silencio, frente a cualquier desconocido que quisiera compartir un minuto de mirada y presencia con ella.

Entonces, sin que Marina lo supiera, Ulay apareció frente a ella.

Y esto fue lo que sucedió…



sábado, 2 de enero de 2021

1908, la fiesta más salvaje de la historia.


Manuel Blasco Alarcón

«Nosotros somos los dos pintores 
más grandes de la época:
yo a la manera moderna y usted a la egipcia».

  Picasso



Se cuenta que cierto banquete tuvo lugar en una noche de noviembre de 1908, en París. Fue entonces cuando Pablo Picasso ofreció un peculiar homenaje al viejo Henri Rousseau en su estudio del Bateau-Lavoir, en el barrio de Montmartre. Por aquel tiempo, nuestro querido Douanier seguía siendo un perfecto desconocido.

Fascinado por el descubrimiento de tan excepcional personaje, el pintor malagueño no dudó en sacar provecho de la situación, alardeando ante sus amigos de su capacidad para descubrir talentos. Así, tras hallar en la tienda del anticuario Père Soulier, en la rue des Martyrs, un lienzo que llamó poderosamente su atención…



Picasso no dudó en hacerse con la obra. Le había causado una impresión extraña y poderosa, a medio camino entre la sincera admiración y las ganas de reír, pero, al mismo tiempo, profundamente liberadora. No cabía duda de que su creador era un artista primitivo, un diamante en bruto que prescindía de la perspectiva y en cuya tela el fondo era traído al primer plano: uno de los principios del naciente cubismo.

Picasso desembolsó los cinco francos que pedían por el cuadro y llevó la pintura a su taller, donde la expuso de inmediato. Se trataba de Retrato de una mujer (Portrait de femme, 1895), obra que conservaría en su colección particular hasta su muerte.

Henri Rousseau debía de tener entonces unos sesenta y cuatro años. Comenzaba ya un deterioro, tanto físico como emocional, que acabaría conduciéndolo a la muerte apenas dos años más tarde.



Amanda Hall


Se cuenta que Guillaume Apollinaire visitó a Picasso y que, al contemplar el cuadro, le propuso celebrar la llegada de la pintura al Bateau-Lavoir.

A aquella celebración acudieron unas treinta personas, entre ellas Gertrude Stein y su amante, Alice Toklas; el pintor español Pichot; el crítico Maurice Raynal; Apollinaire y Marie Laurencin; Fernande Olivier, compañera de Picasso; el crítico de arte y poeta André Salmon, además de algunos parroquianos habituales del café del Barco Lavadero. Georges Braque amenizó la velada tocando el acordeón, mientras Apollinaire recitaba poemas.


Por aquella época, Picasso acababa de terminar el retrato de Gertrude Stein y se hallaba inmerso en la gestación de Las señoritas de Aviñón. Su situación económica había mejorado notablemente y estaba a punto de abandonar el mítico Bateau-Lavoir para instalarse en el boulevard de Clichy.


Resulta lógico pensar, por tanto, que la financiación del banquete corriera a cargo de Picasso, que comenzaba ya a elevarse como un cometa en el cielo de las vanguardias.



Maurice Raynal escribió:

«La sala de la fiesta era el estudio de Picasso. Era un verdadero granero… Las paredes del estudio fueron despojadas de su habitual decoración y en ellas colgaron bellas máscaras africanas y un mapa de Europa, junto a un amplio retrato de Yadwigha —la maestra de escuela polaca que fue amante de Rousseau— pintado por él y situado en lugar de honor.

La habitación estaba decorada con guirnaldas de linternas chinas. La mesa, montada sobre caballetes, aparecía ocupada por toda clase de manjares (…).

Para evitar el desorden, los puestos en la mesa estaban indicados de acuerdo con la más estricta etiqueta y, cuando la habitación hervía en ruidosas protestas, tres discretos golpes sonaron en el techo.

Inmediatamente el ruido cesó y reinó el más completo silencio. Se abrió la puerta. Era el Aduanero, vistiendo su sombrero blando de fieltro, con su bastón en la mano izquierda y su violín en la derecha».



John Bensted


El caso es que, mientras los comensales vaciaban más de medio centenar de botellas del mejor vino, Picasso, haciendo honor a su peculiar sentido de la genialidad, mandó servir —a falta de una cena que jamás llegó— todas las latas de sardinas que encontraron en la despensa de un restaurante cercano.

También se cuenta que, en aquella bacanal, las sardinas se degustaron directamente de la lata y que a los invitados se les ofrecieron paños manchados de pintura para limpiarse las manos.

El escritor francés André Salmon evocó el escenario de aquel ilustre banquete en su libro La apasionada vida de Modigliani:

«Aquí pasaron las noches del período azul; aquí florecieron los días del período rosa; aquí las Demoiselles d’Avignon interrumpieron su danza para agruparse de acuerdo con el número de oro y el secreto de la cuarta dimensión; aquí confraternizaron los poetas elevados por la crítica de la escuela de la Rue Ravignan; aquí, en estos corredores sombríos, vivían los verdaderos adoradores del fuego; aquí, una tarde del año 1908, se desplegó el primer y último banquete ofrecido por sus admiradores al pintor Henri Rousseau, más conocido entonces como el Douanier».



El Bateau Lavoir, sobre 1908


Aquella noche, Rousseau, el viejo aduanero, embriagado por el vino y el éxtasis, interpretó al violín su célebre Vals Clémence, compuesto y dedicado a su primera esposa, fallecida de tuberculosis. No pudo reprimir una lágrima, que se deslizó por su mejilla hasta mezclarse con unas gotas de cera que caían de la lámpara china encendida sobre su cabeza.

Atento a la escena, el poeta Guillaume Apollinaire, arrastrado por ese holocausto irracional que propician los excesos, escribió estos versos sobre un trozo de papel manchado de aceite y sardinas:

 

¿Recuerdas, Rousseau, el paisaje azteca,
Bosques donde crecen el mango y la piña,
Los monos derramando toda la sangre de los melones
¿Y el rubio emperador que fusilaron allá abajo?

Los cuadros que pintas, los observaste en México,
Un sol rojo ornaba las frentes de los bananos
Y valeroso soldado, tú cambiaste tu túnica
Por la chaqueta azul del honrado inspector de aduanas.


Apollinaire


Rousseau, visiblemente emocionado, dejó correr las lágrimas mientras sonreía. Fernande Olivier entornó la mirada, abrió al máximo sus hermosos ojos almendrados y se acercó al Aduanero. No era el vino lo que le hacía advertir que, sobre la cabeza de Rousseau, se había formado una especie de sombrero de clown provocado por la cera que llevaba goteándole durante toda la velada.

En ese preciso instante, cuando todos observaban al Aduanero entronizado, la lámpara suspendida sobre él comenzó a arder, como si hubiese sido conjurada por la magia de las palabras de Fernande.

André Salmon subió a una mesa, ayudado por Apollinaire y Picasso; perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer, cuan largo era, sobre Gertrude Stein y Alice Toklas. Gertrude, entre carcajadas, manoseaba a su amante mientras intentaba no pisotear los panecillos; colocaba los pies entre las botellas vacías mientras Salmon trataba de recitar una oda a Rousseau que nadie escuchaba.

Pichot, encaramado a otra mesa, bailaba una jota y le pisoteaba los dedos a un desconocido, de esos que nunca faltan en toda reunión que se precie. Marie Laurencin, completamente borracha, pidió a Apollinaire que la ayudara a subir a otra mesa y acabó cayendo de espaldas sobre los pasteles.

Las parejas se formaban y danzaban por todo el piso mientras Rousseau seguía arrancándole al violín un vals compuesto para su esposa Clémence.



Henrri Rosseau


Al alba, consumada ya la bacanal, condujeron a Rousseau hasta un coche de caballos. Llevaba el bastón y el violín en una mano y, en la otra, un fajo de papeles: los poemas que Apollinaire le había escrito. Antes de subir al carruaje, Rousseau se volvió hacia Picasso.

    —¡Le agradezco tanto que haya hecho de este el más feliz de mis días! —dijo, sollozando—. ¡Usted y yo somos los mejores pintores de estos tiempos: usted en el estilo egipcio y yo en el moderno!

Al llegar a su casa, todavía ebrio y feliz, Rousseau cayó en la cuenta de que había olvidado los poemas de Apollinaire en el coche.



Apollinaire escribiría más tarde sobre el pintor:

«Rousseau es, sin duda, el más extraño, el más audaz y el más encantador de los pintores del exotismo».

Wilhelm Uhde, primer biógrafo de Rousseau, escribió en su monografía de 1911:

«Rousseau encara la naturaleza como un niño. Para él, la naturaleza es cada día un elemento nuevo, cuyas leyes ignora. A su manera de ver, tras los fenómenos existe algo invisible que es, por llamarlo de alguna manera, lo esencial».

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Constelación Literaria o el Calor de lo Humano


Agrupados bajo el mando de la Soley Aragonés, nace «Constelación Literaria» con la intención de aportar mediación en tiempos de desasosiego. 

Se dice que la intención es lo que cuenta, por lo tanto, Soley hace un llamamiento a la causa, y 25 escritores se comprometen en un solo objetivo; el de contribuir desde lo narrativo para llevar ilusión a este desierto colmado de vacuos intereses. 

Si de algo va sobrado el libro es de fantasías y quimeras. En sus páginas surcamos mares, ciudades imaginarias, recibimos regalos, suspiros y hasta besos, junto con la exploración de nuevos territorios. Y dejadme ser generoso en mí expresión; ofertando calor humano como causa, ese del que tanto adolecemos.

Agradecido por la labor de mis compañeros, «Constelación Literaria» surca ya los parámetros de lo meramente retórico, bañado por su propia luz desde el momento en que es presentado; ejemplo de solidaridad sin ánimo de ganancias. 

Es de buen nacido ser agradecido, dice el refrán, por lo tanto; damos comienzo oficial a este nuevo blog y que por circunstancias adversas quedó retenido hace diez años. Haciéndolo con la mejor compañía posible y dando cobijo a esos nuevos amigos que han de ejercer el viaje, conmigo.

He disfrutado de lo lindo con su lectura, algunas veces insolente y otras inquietante. 

25 escritores brillan en un firmamento común, conformando las buenas causas que, por fuerza, han de hacer mejor este mundo. 

Gracias, no está de moda extenderse demasiado, atrás quedaron las largas parrafadas de mis libros antiguos. Hoy más que nunca miramos hacia el futuro con miedo, pero con una ilusión tremenda por hacer frente a tanta adversidad e infortunio. 

Gracias y que la dicha os acompañe, nos diría el maestro Yoda.


Soley, se te quiere y bien lo sabes. No cambies nunca y cuenta con nuestra pluma como espada y sosiego, valga la contradicción. Que como bien dice el poema... 


¡Oh capitán, mi capitán!
Terminó nuestro espantoso viaje,
El navío ha salvado todos los escollos,
Hemos ganado el codiciado premio,
Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas...

Walt Witman


Todo lo recaudado en esta antología se destinará para la "Asociación Aladina", comprometida en la ayuda contra el cáncer, en niños y jóvenes.