miércoles, 20 de enero de 2021

La escandalosa cronología del cuadro "El Origen del Mundo" de Courbet


 El Origen del Mundo (1886) 

«Tengo cincuenta años y he vivido siempre en la libertad, así que déjeme terminar mi vida libre y una vez esté muerto, rueguen dejen esto dicho de mí...»

Gustave Courbet


En la planta baja del Musée d’Orsay de París se custodia una de las joyas más incisivas de la pintura moderna. Ni que decir tiene que, tras sortear impresionistas a doquier, uno no deja de sobrecogerse ante la naturalidad casi insolente del lienzo.

Me sucedió junto a mi hija; al descubrirlo, ella, entre el rubor y la sorpresa, lanzó un exclamativo reproche y desvió instintivamente la mirada hacia la zona izquierda de la sala, mucho más amable y sosegada, donde se despliegan los idílicos paisajes del Doubs, la tierra natal de Courbet.

Maravillosamente seductora y cargada de incógnitas, la obra me asaltó con una pregunta inevitable: ¿quién sería la modelo? Me dejé llevar, quizá, por una curiosidad algo morbosa.

Si no me creen, basta con asomarse a la trayectoria del cuadro: un recorrido plagado de escándalos.

Se llamaba Joanna Hiffernan, la amante pelirroja de Courbet; ella es la modelo que ha perpetuado su sexo a la posteridad. Esta es la parte de la historia que ha trascendido, pero, sin duda, existe otra que permanece sumida en el anonimato. Vayamos, pues, a conocerla.



Joanna Hiffernan 


    La historia comienza con Jalil-Bey, embajador turco en París y reconocido coleccionista de arte erótico, quien en 1866 visita el taller del artista. Desea comprar la escandalosa tela titulada Vénus et Psyché, pero esta ya tiene dueño. Esa misma tarde, sin embargo, se cuenta que Jalil-Bey abandonó el estudio de Courbet con El origen del mundo enrollado y oculto bajo el brazo. Su destino: el mismísimo cuarto de baño del embajador, donde permanecería oculto tras un pesado cortinaje verde.

En 1888, la pintura pasó a manos de un marchante llamado De la Narde, quien la exhibía a hurtadillas, solo ante clientes de extrema confianza.

Llegado 1896, su nuevo dueño es Jean-Baptiste Faure, barítono de la Ópera de París. En esta etapa, el lienzo se ocultaba tras otra obra: un paisaje nevado, también de Courbet. Se dice que la esposa del cantante, poco entusiasta ante la afición de su marido de mostrar el cuadro a sus visitas, habría puesto el grito en el cielo de haber conocido su existencia.

Entre 1896 y 1912, la obra transita por destinos insólitos: desde un gobernador civil —tan puritano como pervertido— hasta un ginecólogo que lo utilizaba como reclamo publicitario, terminando, finalmente, expuesta en un burdel de Montmartre.

En 1912, la pieza es adquirida por la prestigiosa galería de Mademoiselle Vial en París. Poco después, la obra sale de Francia, comprada por el coleccionista húngaro François de Hatvany.

Durante la ocupación nazi en Hungría, en marzo de 1944, el cuadro es expoliado. Se debatió su destrucción, pero fue salvado gracias a la intervención del coronel Schweinkopf, quien apeló a la «raza aria» del pintor y al valor material de la pieza, que por entonces ascendía a unos 300.000 dólares. 

Tras la toma de Hungría por el Ejército Rojo en 1945, fue el coronel Tastrov quien se encargó de salvaguardar el cuadro, esta vez aludiendo al carácter revolucionario y anarquista del «camarada» Courbet.

En 1955, Sylvia Bataille (actriz que, curiosamente, protagonizó La regla del juego de Renoir) solicita a su marido, el psicoanalista Jacques Lacan, que adquiera la obra por 1.500.000 francos. El cuadro pasó a presidir las tertulias sobre erotismo y psicoanálisis que regularmente se celebraban en su casa, oculto tras una nueva obra encargada expresamente a su cuñado, André Masson.

No fue hasta 1967 cuando el sexólogo Zwang publicó la primera fotografía de la obra, y hubo que esperar a 1977 para que se reprodujera, por primera vez, en un libro de arte. En 1988, se exhibió al público por primera vez en el Brooklyn Museum of Art de Nueva York.

El 26 de junio de 1995, el ministro de Cultura, Philippe Douste-Blazy, anunció el ingreso de la tela en las colecciones nacionales, aunque —fiel a la historia de tabúes del cuadro— declinó fotografiarse junto a él. Desde entonces, descansa en el Musée d'Orsay de París.

Su última batalla contra la censura llegaría el 11 de marzo de 2019, cuando Facebook, la red social más popular del mundo, etiquetó la imagen como «contenido inadecuado».


Gustave Courbet (1819-1877) 

Le Désespéré 

«El nunca perteneció a escuela alguna, a ninguna iglesia, 
a ninguna institución ni academia. 

A los ojos de todos no procesó ningún sistema ni gobierno, 
excepto el régimen de la libertad »

2 comentarios:

  1. Una historia tan ajetreada como fascinante. Gracias por compartirla.

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  2. Menuda trayectoria ha llevado, pero además, alucinante que la última fecha... 11 de marzo de 2019, sea por un veto de facebook. Supongo que hay cosas que no cambian por mucho que se suponga que avance el tiempo.
    Muchisimas gracias por comentar con nosotros tan maravilloso camino Ricardo. Me ha encantado conocer de toda esa odisea hasta llegar al lugar que hoy ostenta.
    Besos :D

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